Pregón de la Feria de La Malena - Mengíbar 2018, por Francisco Valdivia

Pregón de la Feria de La Malena - Mengíbar 2018, por Francisco Valdivia

Las Feria y Fiestas de Mengíbar 2018 en honor de Santa María Magdalena han sido pregonadas por Francisco Valdivia Calvo en la gala inaugural de las celebraciones patronales con el siguiente discurso: 

 

Hoy me toca ser pregonero en mi pueblo; ahí es nada, me dejan pregonar a La Malena, que así solemos llamar a las fiestas grandes en nuestro pueblo. Esto es al menos lo que cuesta decir unas palabras.

 

Felices fiestas de Santa María Magdalena a las mujeres; ella era mujer. Felices fiestas de la Malena a los amigos; ella demostró serlo en el peor momento, no renegó del que crucificaban con lo peligroso que era, y en verdad que lo es, 2000 años después aún lo recordamos.

 

Felicidades a los anglicanos y ortodoxos porque ellos también en el día de mañana celebran la fiesta de Santa Maria Magdalena desde Mengíbar; yo también los recuerdo y pregono a la Malena, de Magdala.

 

Felices fiestas para todos los cristianos del mundo, especialmente a aquellos que pertenecen a una corriente gnóstica del cristianismo. Hace solo dos años nuestro Papa Francisco elevó y declaró la memoria de Santa María Magdalena al grado de fiesta en el calendario general romano. En Mengíbar ya debieron barruntar algo ya que la fiesta se lleva celebrando desde tiempos inmemoriales.

 

Felicidades a Juan Bravo, alcalde por designación democrática, por su lucidez al haber facilitado que bajo su mandato sea nombrada Santa María Magdalena alcaldesa perpetua de Mengíbar. Un cargo civil que con seguridad llevará orgullosa y que, con unas palabras que en su día El dijo y que hoy deseo para todos, repito una vez más.

 

"Gracias a la Santa, los ciudadanos celebramos días de confraternización entre nosotros y volvemos a encontrarnos con amigos y familiares que nos visitan por la feria”.

 

Felices fiestas de la Malena a los familiares que estos días aprovechamos para venir al pueblo. Ella por familia tenía el mundo y yo como pregonero, desde Mengibar, reivindico el pretexto para que estos días hagan posible la unión entre personas que son más o menos conocidas y terminen por constituir en familia. En esta ambición no solo están incluidos los paisanos, también los forasteros, que no tienen por qué saber quién era la Malena, eso ya lo aprenderán luego.

 

Felices fiestas de la Malena para los que nos enseñaron con su hacer, a veces muy poco reconocido. Quiero reivindicar un trozo de este momento para ellos.

 

Mi tierra, mis calles, mi casa, la gente con la que he convivido y me ha forjado una manera de ser, los paisajes de cada día y que a veces añoro, Mengíbar. Pero no es solo el nombre sino lo que dentro lleva: El Piquillo, los Banquillos, el Puente Roto, El Salto, Las Palomeras, El Encantado, El Pilarillo, El Pilarejo, la Cañá Honda, Matacas, Artichuela estación, Vargas, el Camino Romano, el Aza de los Hoyos, la Atalaya, y si levantas la vista, ahí está Jabalquinto, también Cazalilla, Villanueva de la Reina, Villatorres (que dicen ahora), Las Infantas, Espeluy (pueblo y estación) y, cómo no, la Fuente Redonda y Los Chorrillos.

 

Agua por un tubo, que buenos recuerdos me traen y resultan cercanos. Pero hablando de agua aún recuerdo cuando a la calle en la que yo vivía y más concretamente en mi casa, llegó el agua potable. Yo era muy niño cuando andaba en esas. Había un grifo en el patio y Cosme, el fontanero municipal, fue el encargado de abrir el servicio. Parece demasiada nostalgia pero no os cuento lo bien que me lo pasaba persiguiendo toda clase de bichos y corriendo ladera arriba y abajo o metiéndome en la primera poza del río que encontraba para sofocar el calor del verano.

 

Por lo tanto felices fiestas a todos los que con su saber hicieron posible que la hidráulica estuviera al servicio de los ciudadanos sencillos.

 

Por entonces mis conocimientos científicos no llegaban a otro nivel que no fuera pasarlo bien. Aprendía con la evidencia práctica y además jugaba. Ahora los ideólogos de la educación lo llaman “gamificación”, un "palabro" bien "rebuscao" donde los listos oficiales nos descubren por primera vez la galaxia de la enseñanza mientras se juega. Mis maestros, aquí en el pueblo, nos invitaban a que mirásemos las plantas con otros ojos. Lo que nos mostraban en la pizarra después lo veíamos en el campo, nuestro campo. El método gamificador ya estaba inventado en el Pueblo, pero no supimos ponerle un nombre bien "rebuscao".

 

Otra forma era aprender cantando. También me acuerdo de esa, sobre todo cuando Don Sacramentos y su oído se dieron cuenta que cuando tocaba la tabla del cuatro, yo no cantaba, y vaya si terminé por cantar.

 

Felices fiestas a los maestros que con su pasión y vocación nos hicieron mejores.

 

Ahora nos dicen que hay que enseñar a los niños y niñas ecología y sostenibilidad; pues aquí en el Pueblo de eso también había. En una ocasión don Sebastián Barahona vio desde la ventana de clase, como con un azadón más grande que yo, perseguía “alúas” y a las hormigas les arrasaba su vivienda. Mi objetivo era más ambicioso, tenía la intención con esos animales de dar caza a otros más sofisticados, los pájaros, por métodos de camuflaje y soterramiento. En cuanto entré por la puerta de clase, tarde por cierto, don Sebastián Barahona me dio una clase de ecología práctica en la que me quedó muy claro que era mejor dejar a hormigas y pájaros en paz.

 

Felices fiestas de la Malena para los constantes y que basan su futuro en el trabajo bien hecho y no solo basan su recompensa en un puñado de monedas.

 

La escuela y sus maestros y lo que ahora soy, tiene aquí los cimientos. Unos cimientos hechos a base de trabajo, constancia, sacrificio y unos paupérrimos recursos económicos, aunque suficientes. Con la claridad con la que ahora veo las cosas, me doy cuenta que ya entonces mis maestros fueron capaces de enseñarme que la senda para salir de la pobreza es el conocimiento, la constancia y el trabajo diario. Eso os puedo decir hoy que me habéis permitido hablar en este acto tan emblemático e importante para todos.

 

Felices fiestas de la Malena a todos los comerciantes que hacen posible el traspaso de mercancías bienes y servicios y que gracias a ellos estas fiestas son posibles, felicidades a todos y que encontréis un hueco para disfrutar de este momento que se presenta cada año y que con vuestra ayuda y sacrificio es posible.

 

Felices fiestas de la Malena a los que venís a convivir con nosotros y vuestra cultura es diferente.

 

Aprendí a convivir con otras culturas cuando ya en Zaragoza trabajé en una fábrica y compartía con diferentes personas de todos los colores y pensamientos la tarea de mantener limpio el puesto de trabajo, o a compartir una conversación más o menos interesante camino del tajo. A saber apreciar aquello que se tiene y dar valor a las cosas sencillas. Tal vez mucha de esa enseñanza me venga de la época que me tocó vivir aquí. Disfruté trabajando en el taller de Manolo, el de las motos. Una persona que me enseñó a dar los primeros pasos en la mecánica y con la que he vivido y crecido disfrutando de su compañía.

 

De aquí me fui con una preparación óptima y adecuada. Lo llaman “capital humano”. Como parte de ese capital no solo me fui yo, también mi mujer, Mari Carmen, que con su quehacer diario ha sido capaz de mantener la cohesión necesaria de mi familia, con los mismos criterios y enseñanzas que aprendió en el pueblo, nuestro pueblo.

 

Felices fiestas de la Malena, todos somos diferentes y con diferentes capacidades, en toda nuestra diferencia y diversas capacidades está la virtud y el progreso, porque nadie es más que nadie.

 

Felicidades en las fiestas de la Malena a los padres y madres, por vuestra culpa y que no es otra que la de dar hijos al mundo.

 

En eso mi mujer y yo también estamos metidos. Tenemos dos hijos, una chica y un chico que hace tiempo corren mundo. Han visitado medio planeta o no se ya si el planeta entero, y es que la gente de Mengíbar se da a conocer en otras situaciones y vivencias y con ello llevamos de paso el nombre de este pueblo.

 

Felices fiestas de la Malena a las nuevas parejas que presumo hoy se conocerán.

 

No quiero seguir rememorando lo que todos sabéis. No recordaréis de este discurso otra cosa que la participación y lo que se avecina, las fiestas del pueblo. A una edad temprana yo también asistí a un discurso de talla similar y no recuerdo nada de nada, del discurso digo, excepto que tras una buena fiesta lo pase muy bien con la que ahora es mi esposa.

 

Felices fiestas de la Malena a los que hoy no están con nosotros porque no han podido o el camino que han seguido ya les impide estar aquí.

 

Yo también viví esa situación y cuando era este día me acordaba de la feria. Nunca me olvidé de mi pueblo, en los muchos sitios que he estado y estoy. Siempre tuve en el corazón volver y pronto es posible que quede de manifiesto esa opción. Ha sido un bien intangible que me ha permitido en ocasiones mantenerme en pie.

 

Felices fiestas de la Malena a los que habéis sabido encontrar nuestro pasado, con nuestro pasado conocido y asumido estaremos orgullosos de nuestro presente y podremos afrontar un futuro cierto.

 

Vivan Mengíbar, sus gentes, su cultura, sus ambiciones y su creciente apuesta por el desarrollo industrial de toda su zona de influencia. Un reto que tenemos que abordar unidos para, con un empleo de calidad, abordar un futuro próspero. Lo tenemos todo y tenemos que ir por todas: agricultura muy desarrollada, materia prima de alta calidad, una población bien formada con principios morales y culturales adecuados.

 

Solo nos quedan dos cosas, una industria al servicio del desarrollo agrícola y su producción y un desarrollo tecnológico que aproveche las abundantes fuentes de energía que confluyen en este territorio, tan sostenible, que podría rozar la autarquía, aunque su meta no puede ser otra que la internacionalización de su producción, de calidad dentro de lo exclusivo.

 

Por lo tanto, también un viva la Malena para todos los idealistas porque ellos son el futuro.

 

¡QUE EMPIECE LA JUERGA EN HONOR DE LA PATRONA!

¡VIVA LA MALENA!

Francisco Valdivia Calvo

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